martes, 1 de julio de 2014

El cocinero de Casa Presidencial (Relato)


En la Casa Presidencial de un país de cuyo nombre me acuerdo pero no quiero mencionar, cada cuatro años nombran un nuevo cocinero. Sí, leíste bien, “cocinero”, siempre se solicita un chef pero al final sólo aparecen cocineros.


Cuando el nuevo cocinero se hace cargo de la cocina, hay muchas expectativas, pues para que le dieran el puesto, prometió que cocinaría los platos más exquisitos y no como el cocinero al que reemplazó, cuyos guisos ya a nadie gustan, caen mal e incluso intoxicaron a varios.


Ahora bien, al entrar en la cocina por primera vez, el nuevo cocinero siempre se topa con una desagradable sorpresa. No, no es que la cocina está sucia, pues bien o mal, él puede limpiarla (lo que por alguna extraña razón nunca hace). El problema está en que debe cocinar usando exactamente los mismos ingredientes que utilizaron los cocineros anteriores y para ser justos, éstos no son de la mejor calidad.


Cuando pide nuevos ingredientes, aparte de una ligera y sarcástica sonrisa, claramente se le indica que no se pueden conseguir, que tiene que preparar la comida con los que hay y entregar los platos que prometió. Ahí es donde comienzan las dificultades, pues resulta que algunos de estos ingredientes están vencidos, podridos o saben mal.


Y ni que hablar de la cocina en general. Los utensilios y enseres que debe usar el cocinero tampoco ayudan mucho. La cocina y el horno tienen una pésima instalación eléctrica, la refrigeradora no enfría y bota agua por todas partes, los cuchillos carecen de filo y los cucharones están herrumbrados y no hay dinero para remplazarlos.


Otro grave inconveniente que se presenta es con los ayudantes de cocina. Muchos de ellos son escogidos por el nuevo cocinero, otros se los recomendaron amigos de sus amigos y algunos estaban con los cocineros anteriores, pero la mayoría son malos, caros y no tienen las habilidades culinarias para preparar los platos que se prometieron. Entonces, el día que hay que preparar una cena de gala, más que apoyar, estos ayudantes lo que hacen es estorbar y criticar la calidad de los platos. Eso sí, todos demandan grandes salarios, incluso mayores que los del cocinero principal, pues se califican mejores que él. Incluso hay algunos que ponen cocina aparte y se consideran a sí mismos el cocinero principal.


Pero hay que ser honestos. Muchos de los problemas son heredados por las pésimas recetas utilizadas por los cocineros anteriores y por ello, hay que decir unas cuantas palabras acerca de ellos. 


Hubo uno medio loco que decidió que no iba a cocinar y eso fue exactamente lo que hizo, no cocinó durante sus cuatro años, sino que los pasó diciendo chistes y contando anécdotas. Dejó que sus ayudantes tomaran la iniciativa y los banquetes fueron un verdadero manicomio. Con decir que sabía mejor la comida chatarra.


Otro, estaba más interesado en los platillos a base de paloma, y quería hacer todo lo que guisaba en base a esas aves. Entonces, guisos de paloma iban y guisos de paloma venían, pero la mayoría de los comensales consideraba que uno que otro platillo estaba bien, pero al final quedaron empachados de paloma. Pero a este cocinero en particular no le importaba mucho, pues su ego era bastante grande y se consideraba el mejor de los cocineros que había pasado por ahí; además, estaba más interesado en colgar fotos y placas por todo lado y en agasajar a los críticos culinarios extranjeros que a los nacionales, olvidándose por supuesto de los invitados. Muchos se preguntan cómo fue posible que lo contrataran dos veces.

También estuvo aquel que al terminar su periodo de cuatro años no quería entregar la cocina, otro que a todos sus platos le agregaba algún tipo de licor y por supuesto es inolvidable, el que pensaba que su imagen era lo único que se necesitaba para que la comida supiera bien, sobra decir que era indigesta.


A otros dos les dio por robarse los utensilios de cocina. Que un día una olla, que el otro un tenedor, que el horno, que la batidora. Lo más extraño era que a estos cocineros se les pagaba bastante bien, pero por lo visto consideraban que era insuficiente. Incluso uno de ellos quiso robarse un caldero de muy buena calidad que su papá, quien también había sido cocinero en Casa Presidencial, había logrado traer para cocinar. Es cierto que el caldero ya estaba muy abollado por el mal uso que le habían dado todos los demás cocineros, pero era un caldero irremplazable.


También estuvo el cocinero al que le dio porque no le gustaban ciertos ingredientes debido a que los traían en tren, entonces, decidió que sólo utilizaría aquellos que transportaba otro proveedor, amigo suyo, por carretera. Siguieron siendo de la misma mala calidad, sólo que ahora salían mucho más caros. Este cocinero incluso recibió una donación de ingredientes nuevos, pero estos nunca llegaron a la cocina. Dicen que aprendió esas malas mañas de su papá, que también había sido cocinero.


Ya sé, estás pensando que el problema es que no han llevado una cocinera. Pues no, vieras que en ese aspecto no se ha discriminado. También hubo una cocinera, que al igual que sus antecesores, prometió y habló de manjares sin precedentes, pero igual que ellos, tuvo que cocinar exactamente con los mismos ingredientes. Sus platillos dejaron un mal sabor de boca: que poca sal, que muy dulces, que mal aderezados, que demasiado condimento. También tenía un gran problema de ego como el que hacía guisos de paloma (de hecho dejaron de ser amigos porque este último pretendía asesorarla en la cocina y dictar el menú) lo que afectó el sabor de sus platos. Pocas ganas quedaron de volver a contratar una cocinera.  


Hubo otro, bastante torpe, que desde que entró en la cocina pensó que todavía estaba luchando por el puesto y por estarse tomando "selfies" y saludando gente, se le hizo tarde para su primer platillo, razón por la cual tuvo que usar uno que dejó en el horno la persona que anteriormente estaba encargada de la cocina. Pero ya tenía varios días ahí. Por ello, no sólo estaba rancio, sino que todos los comensales dijeron que sabía igual a los que se cocinaban anteriormente. Entonces, para disimular, se le ocurrió un menú exótico para demostrar que era muy moderno y al final sólo consiguió intoxicar a la mayoría de los comensales desde su primer platillo. Algunos sospechaban que hacía todo eso porque en realidad no sabía cocinar.


Pero no, no cometas el error de pensar que el cocinero no tiene culpa alguna. Todos estos cocineros, todos, sabían de antemano la clase de ingredientes y la cocina con que contaban para preparar la comida y ninguno pudo cumplir con el menú que prometió.


En ocasiones estos cocineros han estudiado en el extranjero y tratan de implementar platillos internacionales, pero la mayor parte de las veces son caros y saben mal, además quedan muy crudos o muy quemados, porque se les olvida que las recetas extranjeras son apropiadas para otros climas. De hecho, los pocos platillos que reciben mejor calificación son aquellos que se adaptan al sabor criollo de esta tierra.


No, tampoco cometas el disparate de pensar que hubo una equivocación en la elección del cocinero. Los que no fueron escogidos eran incluso peores. Hubo uno que prometió que cocinaría platos de Rusia, Venezuela y Cuba. Sin embargo, cuando se le preguntó cómo haría para conseguir los ingredientes para esos platillos, no supo que contestar, además, las recetas que tenía para prepararlos ya habían sido degustadas y enfermaron a la mayoría de las personas que las probaron. Había otro que no lo querían ni en el lugar dónde cocinaba anteriormente y también estaban los que ni siquiera sabían qué era una cocina.


La realidad es que cualquier cocinero que llegue a Casa Presidencial tiene que usar los mismos ingredientes que se han usado siempre y para cuando sea su momento, éstos habrán empeorado de calidad.


La ironía con estos cocineros, incluso con los más viejos, es que la mayoría de ellos nunca fueron buenos cocineros ni siquiera en su propia casa. 

Hay gente que afirma que ese puesto tiene una maldición y es que cada nuevo cocinero será peor que el anterior.


Pero lo más triste de todo, es que en un país donde los comensales están desesperados y ávidos por platillos sencillos, ricos y saludables, al final del día, el nuevo cocinero de Casa Presidencial entrega platillos iguales o peores que los que cocinaron los cocineros anteriores. 

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